Expertos desalentados: Los Seis motivos que harán imposible lograr la tan esperada inmunidad de rebaño de covid19 en el mundo

Expertos desalentados: Los Seis motivos que harán imposible lograr la tan esperada inmunidad de rebaño de covid19 en el mundo

Con varias vacunas ya en el mercado internacional, planes de inoculación en marcha y tres olas de covid-19 sufridas en Europa -en España, este fin de semana se han confirmado signos de un nuevo repunte que conduce a la cuarta ola de cara a la Semana Santa-, la idea de lograr una inmunidad de rebaño en un tiempo inmediato se disipa como un espejismo. Pese al optimismo generado por la vacunación, un artículo publicado en la revista Nature recuerda por qué es necesario valorar más factores del escenario actual, y aplacar la euforia una vez los hayamos entendido.



La inmunidad de rebaño o de grupo, ese tótem deseado por Boris Johnson y Stefan Lövnen -primeros ministros de Reino Unido y Suecia, respectivamente- durante el estallido de la pandemia de coronavirus, queda lejos de convertirse en una realidad, aún con las campañas de vacunación en marcha en el mundo desarrollado.

El fenómeno consiste en que la mayoría de la población, entre un 60 o 70%, haya alcanzado la inmunidad contra un virus, ya sea a través de una vacuna o por generación de anticuerpos tras haber superado la enfermedad.

El enorme beneficio de esta inmunidad grupal es que fuerza al patógeno a su desaparición, ante su imposibilidad de seguir infectando y transmitiéndose de unos organismos a otros. ¿No es este el objetivo de las vacunas que ya están en el mercado -Pfizer-BionTech, Moderna, Janssen, AstraZeneca, Sputnik V-? La respuesta es afirmativa, sin embargo, el análisis de todos los condicionantes de la realidad actual de la pandemia conducen a una conclusión que requiere más templanza y menos euforia.

1. Se desconoce si las vacunas previenen la transmisión
La clave de la inmunidad de rebaño es que el virus carezca de posibilidades de seguir saltando de un huésped a otro, incluso cuando logra desarrollarse en un organismo. Esto solo es posible si está rodeado de personas vacunadas o inmunizadas tras pasar la enfermedad que impidan al patógeno infectarlas e infectar a otras personas. Sin embargo, las vacunas disponibles, pese a tener una alta efectividad en la prevención de los síntomas del covid-19, no evitan la infección.


Todavía no hay evidencias suficientes de que puedan prevenir la transmisión del virus que habita en un vacunado a otra persona. Por tanto, con los datos que tenemos hoy, la infección es capaz de persistir y las cadenas de transmisión continuarían intactas.

El único modo de que esta transmisión no lograra el objetivo del virus es que el 100% de la población estuviera vacunada, cualquiera podría alojar el virus, pero nadie desarrollaría síntomas ni enfermaría.

2. La vacunación es desigual en todos los territorios del mundo
Enfrascados en el plan de vacunación nacional, tendemos a olvidar la esencia global de la pandemia de SARS-CoV-2. El epidemiólogo Matt Ferrari, del Centro de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Pennsylvania, apunta a que la destrucción del virus, de modo teórico, sólo sería posible con un plan de vacunación a nivel global. Los estados, preocupados por inmunizar y proteger a sus propias poblaciones, están muy lejos de plantear una estrategia que vaya más allá de sus fronteras.

Así, mientras Israel tiene a más de la mitad de su población ya vacunada, las vecinas Líbano, Egipto o Siria no alcanzan un 1% de población inmune al covid-19.

Ni siquiera existe un ritmo homogéneo dentro de los países. En Estados Unidos, cita el artículo de Nature, hay estados como Georgia o Utah que ha vacunado a menos del 10% de sus habitantes, y otros como Nuevo México o Alaska, donde las cifras superan holgadamente el 16%.

Este factor es relevante. Salvo los territorios que constituyen islas, y sólo cuando se trata de países completos que pueden cerrarse al exterior, como Australia, la mayoría de las naciones conviven en confluencia con poblaciones de otros territorios. La economía globalizada y de interacción internacional obliga a considerar que los países colindantes tengan un ritmo de vacunación parecido si no quieren acabar perjudicándose con brotes a un lado y a otro.

Tomás Domingo Moratalla, profesor de Filosofía y miembro de la Comisión Científica de la Asociación de Bioética Fundamental y Clínica, insiste en la necesidad de una estrategia global de vacunación. "O nos salvamos todos, o no nos salvamos. Si no, va a haber rebrotes... Desde el punto de vista egoísta, si no lo hacemos para todos, nos vamos a resentir todos", considera ante la aceleración de cuestiones como el certificado de vacunación.

3. No hay vacunas para menores de 18 años
La escasez de vacunas provoca también la segmentación por grupos preferentes de edad, siendo los mayores los primeros en recibir los antídotos por su mayor vulnerabilidad. Pero es que todavía no se han desarrollado vacunas para su inoculación en la población menor de 18 años, pese a que los laboratorios más adelantados ya están en proceso de nuevos realizar ensayos en los grupos más jóvenes.

Con meses aún por delante para lograr una inyección que sea segura en niños y adolescentes, la biomatemática Shweta Bansal, de la Universidad de Georgetown en Washington, recuerda que será necesario vacunar a muchos más adultos, muchos más del 70% al que aspira tener la UE inmunizado al final del verano.

Es cuestión de números. En España, por ejemplo, según datos actualizados del Instituto Nacional de Estadística, viven 9.219.654 menores de 19 años, un 19,5% de la población. Si ellos no van a poder recibir la vacuna en los próximos meses, para llegar a una inmunidad de rebaño de un 70% se necesitará vacunar al 90% de todos los adultos del país. De momento, menos de un 4% de ellos ha recibido la doble dosis del antídoto, y las previsiones de recepción de estos sueros continúan menguando por problemas técnicos en algunos laboratorios -el caso de AstraZeneca es el más relevante-.

Algo similar sucede en EEUU, donde el porcentaje de menores de 18 años se eleva hasta el 24% de sus habitantes, por lo que el 100% de sus adultos tendrán que estar inmunizados para que la inmunidad de rebaño llegue al 76%.

4. La irrupción de las nuevas cepas
Durante todo su primer año de vida, al coronavirus SARS-CoV-2 le ha ido bastante bien. Tanto, que no ha necesitado mutar para sobrevivir. Sin embargo, los obstáculos que los humanos logramos interponer entre el virus y nuestro organismo en el segundo semestre de 2020, con mascarillas, distancia e higiene de manos, provocó un cambio de estrategia. La aparición de una nueva cepa en Reino Unido disparó las alarmas semanas después de contar con la primera vacuna contra el covid. Más contagiosa y agresiva, a esta le están siguiendo nuevas variantes que se descubren casi de manera quincenal desde el inicio de 2021. La cepa sudafricana, la brasileña, la de California, la de Bretaña, se van acumulando en una lista cada vez más larga.

Nature remite al caso estudiado de Manaos, la capital del estado del Amazonas en Brasil. Entre mayo y octubre, la caída en picado de los contagios en esta zona fue atribuido al logro de una inmunidad de rebaño. Investigaciones de la Universidad de Sao Paolo, citadas en una publicación de Science, revelaron que el 60% de la población de Manaos había sufrido la enfermedad del covid-19 en la primera ola. Sin embargo, a partir de enero de 2021, este territorio ha vuelto a sufrir un repunte de contagios por la nueva variante del coronavirus, lo que prueba que la inmunidad lograda no ha sido suficiente para frenar la nueva cepa.

Además, avisa el epidemiólogo Matt Ferrari, la extensión en la inmunización de las personas tendrá un efecto perverso: la propia selección natural forzará al coronavirus a mutar en nuevas cepas capaces de infectar organismos de vacunados. Cuanto más lento sea el proceso de vacunación en los países, más tiempo tiene el SARS-CoV-2 para seguir reaccionando con nuevas variantes más adaptadas al nuevo escenario de inmunización.

5. La inmunidad no durará para siempre
La falta de evidencias sobre la duración del efecto inmunizador de la vacuna distorsiona todos los cálculos matemáticos y aleja un escenario de desaparición del SARS-CoV-2. De los estudios realizados con los infectados en la primera ola, y la experiencia con coronavirus respiratorios anteriores, se deduce que los anticuerpos que protegen contra el covid-19 duran unos meses, que difieren según cada persona. Lo que también se deduce es que la inmunidad no dura para siempre.

La lentitud en la vacunación deja poco margen a los retrasos. Podría suceder que, cuando el 80% de la población haya recibido la vacuna, una parte de este porcentaje, los primeros en ser inoculados, ya hayan perdido el efecto inmune por los meses transcurridos. Sería necesaria una nueva vacunación y volveríamos a la casilla de salida.

6. Las vacunas cambiarán el comportamiento humano
Otro escollo para lograr la inmunidad de rebaño es el efecto psicológico que provocarán las vacunas. Vendidas como la solución final contra el coronavirus nacido en Wuhan, y después de más de un año de restricciones a todos los niveles, se espera que las personas vacunadas cambien su comportamiento.

La distancia, las reuniones limitadas y el uso de las mascarillas podrían relajarse entre los que han recibido la inyección, que se sentirán a salvo. De hecho, en algunos estados de EEUU ya plantean eximir el uso de mascarilla en algunos casos y abrir las reuniones sin límite entre personas vacunadas. Los científicos recuerdan que, ni ninguna vacuna proporciona un 100% de efectividad, ni hay suficientes ciudadanos con inmunidad que no puedan ser perjudicados por la relajación del comportamiento del otro grupo.

Expertos en enfermedades infecciosas, como Samuel Scarpino, de la Northeastern University de Boston, recuerdan que será necesario continuar con las medidas de prevención ya conocidas mientras la vacunación no se extiende a la mayoría de la población. El antídoto es sólo una medida más, que será plenamente efectiva si no se relajan las demás en el objetivo de romper las cadenas de transmisión. "Las vacunas no significan que estemos a salvo, sino que estamos más a salvo", puntualiza Scarpino.

La dinámica, concluyen los científicos, será similar a la de la gripe. Este año se ha conseguido mantenerla a raya por la existencia de tres factores combinados: un porcentaje de vacunados, un porcentaje de personas con anticuerpos tras haberla pasado en años anteriores y medidas de prevención de contagios en la mayor parte de la población.

Fuente: https://www.eleconomista.es