Otra conspiración cumplida, "Del tamaño de un arroz": implante de microchip será el nuevo pase de movilidad entre otros

Otra conspiración cumplida, "Del tamaño de un arroz": implante de microchip será el nuevo pase de movilidad entre otros

iene el tamaño de un arroz, pero es gigante en polémica. El microchip, pase de movilidad, está dando de qué hablar. Sus creadores lo consideran vanguardista y eficiente, incluso, hasta para realizar pagos.

2021 se fue. Es pasado. Y si bien, el futuro es hoy, el año viejo nos dejó sorprendidos de todas formas.

Un ejemplo de su despedida: el anuncio de una empresa en Suecia lanzando su implante de pase de movilidad. Un microchip subcutáneo, capaz de ser leído por dispositivos electrónicos para checar de forma instantánea que los viajeros tengan al día su esquema de vacunación.

Startup Epicenter, una incubadora de empresas de nuevas tecnologías, fue precisamente un epicentro de comentarios, viralizados tras el anuncio de esta tecnología.

Desde Estocolmo, capital sueca, informaron los pormenores de este lanzamiento, en plena quinta ola de covid azotando Europa.

Ha sido el periódico South China Post el encargado de hacer rodar la noticia, luego de la publicación de un video en el que muestran el diminuto dispositivo que se lleva “encima, pero incrustado en la piel”, según retomaron medios como La Vanguardia.

Startup Epicenter, es la creadora del microchip pase de movilidad.

La Vanguardia

“Del tamaño de un arroz”

En el video mostrando el microchip, el CEO de la compañía DSruptive, que con oficinas en Suecia y España se define como “experta en microelectrónicos implantables”, Hannes Sjoblad, aparece sosteniéndolo en la palma de su mano para dar una idea de lo diminuto que es, inversamente proporcional a la capacidad de información que puede guardar si se toma en cuenta que se trata de los datos del pasajero, con su pase de movilidad hacia un destino en particular.

“Del tamaño de un arroz”, describen las publicaciones internacionales antes citadas, para hacer notar la diminuta tecnología que se implanta internamente, pero a ras de la piel.

La descripción, en el material audiovisual, afirma que el microchip puede ser colocado en el antebrazo o en el dorso de la mano, a elección del portador.

El microchip tiene el tamaño de un arroz pero es gigante en polémica.

La Vanguardia

La misma persona, quien tiene instalado un software en su celular, acerca su aparato a la zona donde se hizo implantar el dispositivo (en su caso, el antebrazo), e inmediatamente se despliega la información de su registro de vacunación, que le da la luz verde para viajar.

“Tengo un implante en mi brazo. Lo he programado para tener mi pasaporte covid porque lo quiero tener siempre accesible y, cuando leo el chip, solo arrastro el dedo, desbloqueo y abre este PDF. Mi pase covid que siempre estará accesible para mí o para cualquiera que quiera revisarlo”., enfatizó Sjoblad.

Y es que no se trata de aprovechar dicha tecnología únicamente para viajar, sino también para cualquier sitio donde el esquema de vacunación es requerido para obtener acceso.

“Por ejemplo, si voy a un cine o a un centro comercial (Mall), la gente podría comprobar mi estado”, dice el CEO de DSruptive.

 

Hasta para hacer pagos… y sin cicatrices

Los usuarios suecos de este implante pueden sacarle provecho no sólo como un pase de movilidad. Los fabricantes le han destinado otros usos en una era tecnológica que vuela.

Su verificación de datos que es descrita como “instantánea”, hizo que esta fuera diseñada para acceder a ciertos sitios web y como una aplicación de pagos en algunos comercios con la plataforma necesaria para aprovecharla.

Pero no es necesario ser un portador permanente de este microchip. Según Startup Epicenter, sus usuarios pueden prescindir de él, si así lo desean, sin que este deje cicatrices en la zona donde fue colocado.

Como era de esperar, los comentarios fueron tan variados como intensos, luego de conocerse esta propuesta en pases de movilidad.

Si bien algunos usuarios de Twitter sostienen que “Estos no inventaron nada. A los animales también se les coloca un chip por si se pierden y así poder identificarlos”, otros más alarmados consideran que “Falta poco para que nos marquen el 666”.

 

No es la única extraña y futurista forma de afrontar la pandemia.

El tatuador italiano, Gabrielle Pellerone, se hizo viral cuando decidió diseñarle a un joven su Código QR de vacunación, a fin de evitarle contratiempos en sus viajes y, de paso, dejar para la posteridad una etapa difícil de toda la humanidad.

“El Green Pass (pase de vacunación) tatuado funcionó, aunque parecía una broma. Una forma irónica de recordar un período de total confusión, un momento que será imborrable para siempre, tanto para mí como para él. Gracias a todos”, sentenció Gabrielle, en su cuenta de Instagram.

Por supuesto que, tras publicado su mensaje hace casi 5 meses, llegaron todo tipo de reacciones. Algunos desaprobaban con insultos la forma de presentar el esquema de vacunación.

Sin embargo, el artista sostuvo que el dibujo estaba diseñado a la perfección para ser leído desde cualquier celular, al contar con todos los trazos exactos.

 

Los “riesgos” de portar un microchip en la piel

Hace 5 años, el medio británico BBC, hablaba con Dave Williams, ingeniero de sistemas de la conocida fundación de software Mozilla, fabricante del navegador Firefox.

Lo describía como un sujeto que sólo hacía gestos para abrir la puerta. Le bastaba un movimiento de mano, y listo.

No sólo eso. Para pagar sus compras, acercaba la misma mano al punto de cobro. Algo futurista en 2017, cuando le hicieron las consultas de las consecuencias de implantarse un chip en la piel.

Los riesgos, advierte la publicación, no son los que el lector se está imaginando. A su entrevistado lo citan asegurando: “Tengo la peor memoria del mundo”. Lo ha resuelto con llevar la información en una parte de la piel, para tenerla al alcance de la mano -literal- y a toda hora.

“También es divertido darle a alguien mi número y dirección de correo electrónico tocando su teléfono con mi mano”, aseguró Williams.

¿Problemas de salud? Más que eso, éticos, advierte otro de los consultados, ante una tecnología que no es novedosa, ya que la privacidad, en una época de sistemas interconectados, bien podría declararse muerta hace muchos años.

“No es un salto enorme dejar de llevar esta tecnología en nuestros bolsillos para tenerla bajo nuestra piel. El punto clave es que debe ser una opción para cada individuo”, aseguró Kevin Warwick, profesor de Cibernética y vicerrector adjunto de la Universidad de Coventry.


“Muchos de nosotros la llevamos todo el día en nuestras carteras: la mayoría de los teléfonos móviles modernos están equipados con RFID, al igual que las tarjetas sin contacto, muchas tarjetas para viajes locales y pasaportes electrónicos”.

- Kevin Warwick, profesor de Cibernética

 

“Si una compañía dice que solo le daremos un trabajo si usted tiene un implante, entonces plantea cuestiones éticas”, advierte.

Con lo anterior, se abre otro debate: el balance entre la comodidad y la privacidad de los empleados. Hace cinco años, la firma Three Square Market, una fábrica de máquinas de ventas automáticas (expendedoras) de River Falls, Wisconsin, ofreció a sus trabajadores implantarse un microchip en la mano, aduciendo la ventaja de poder abrir puertas sin contacto, acceder a sus computadoras sin necesidad de contraseñas o incluso hacer compras en la cafetería sin tocar una moneda o tarjeta.

Aunque a algunos pudiera parecerle una propuesta inaceptable, al menos 50 funcionarios se ofrecieron para llevarlos.

Cabe destacar que, en este sentido, DSruptive destaca como uno de sus cuatro principales valores el que sus productos se usen acorde a los derechos humanos. “Nuestra tecnología jamás será aplicada de una forma en que infrinja los derechos de los individuos”, aseguran en su sitio web.

Si ese derecho podrá garantizarse en todos los países y con todos los fabricantes, seguro será una de las grandes discusiones de este siglo, mientras avanza a convertirse en una red cada vez más interconectada.

Los implantes han sido colocados en algunas empresas estadounidenses a una parte de sus empleados.

RT / Rusia

 

vía biobio