Un libro del año 1932 predijo el uso de la mascarilla para someter a toda la población

Un libro del año 1932 predijo el uso de la mascarilla para someter a toda la población

Al comienzo da la pandemia de coronavirus que está asolando el mundo nos dijeron, tanto científicos como medios de comunicación, que las mascarillas eran inútiles e incluso peligrosas contra el COVID-19. Ahora, es ya una obligación usarlas. Después de ocho meses de pánico y terror, el mundo se encuentra de lleno en la llamada “nueva normalidad”. Sin embargo, no hay nada “nuevo” ni “normal” en un estado policial opresivo que al azar revoca derechos y libertades mientras los ciudadanos se delatan unos a otros. Y, en sociedades que se atreven a llamarse a sí mismas “libres” y “democráticas”, la “nueva normalidad” es una aberración, una pendiente resbaladiza hacia un régimen totalitario global, el Nuevo Orden Mundial.

A pesar del hecho de que la comunidad científica es incapaz de decirnos cuál es el verdadero origen del virus o si existe una “cura”, se están realizando cambios profundos y permanentes en la sociedad. Y, para la élite, COVID-19 es la oportunidad perfecta para crear una sociedad arraigada en el miedo, la deshumanización y la desconfianza generalizada hacia el “otro”. Y por si alguien aún le quedan dudas, el reconocido alemán Ernst Jünger predijo la ubicuidad de las mascarillas para reforzar la conformidad y la uniformidad en una sociedad futura distópica en una novela llamada «El trabajador: dominio y figura (The Worker: Dominion and Form)» hace casi 90 años.

Predicción cumplida

Con las mascarillas siendo obligatoria en la “nueva normalidad”, las medidas de aplicación para que la gente las use, tanto por parte de agentes del estado como de los ciudadanos, se están volviendo más deshumanizantes y draconianas. Este es precisamente el escenario predicho por el enigmático autor alemán Ernst Jünger en su clásico de 1932. Tal como detalla el estudiante de doctorado Thomas Crew en su artículo “La era distópica de la mascarilla”, la “erradicación de toda individualidad” es un tema recurrente en toda la literatura distópica.

Así lo expresa el escritor George Orwell en su novela mundialmente conocida “1984” cuando describe a las masas como una nación de guerreros y fanáticos, marchando hacia adelante en perfecta unidad, todos con los mismos pensamientos y gritando las mismas consignas… trescientos millones de personas todas con el mismo rostro. Crew explica que este el tema dominante en “El trabajador” de Jünger, donde la uniformidad de la nueva era está simbolizada por la repentina proliferación de la mascarilla en la sociedad contemporánea.

“No es casualidad”, escribe Jünger. “Que la mascarilla vuelva a empezar a jugar un papel decisivo en la vida pública. Aparece de muchas formas diferentes… ya sea como una máscara de gas, con la que están tratando de equipar a poblaciones enteras; ya sea como mascarilla para el deporte y las altas velocidades, visto en todos los pilotos de carreras; ya sea como máscara de seguridad para lugares de trabajo expuestos a radiaciones, explosiones o sustancias narcóticas. Podemos asumir que la mascarilla llegará a asumir funciones que hoy apenas podemos imaginar.”

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Crew explica cómo se ha adoctrinado a la población para que crea que la continuación de la vida, sin importar cuán sofocada, atomizada e indigna sea, es la única consideración. Y dada la repentina ubicuidad de la mascarilla en 2020, en todo el mundo y en un número creciente de contextos sociales, es imposible evitar la conclusión de que este es precisamente el tipo de desarrollo que predijo Jünger. Nuestra disposición a taparnos el rostro refleja las tendencias deshumanizantes que, para Jünger, subyacen en el período moderno.

Representa otra etapa en la degradación del individuo que se hizo explícita en la Primera Guerra Mundial. Y esto nos demuestra que la edad moderna tiene la costumbre de reducir al ser humano a un objeto funcional. Todo lo que no es esencial, es decir, todo lo que nos hace humanos, se descarta alegremente. Además, como estamos viendo todos los días, el nivel de cumplimiento que los gobiernos y los medios de comunicación han ejercido en la población para que lo adopten significa que hay poca necesidad de que los agentes de policía y seguridad hagan cumplir el uso de mascarillas. Una población acobardada, azotado por un deseo frenético de obediencia, lo hará por ellos.

El significado de la mascarilla

Jünger estaba en lo cierto, la élite no hace cumplir el uso de la mascarilla porque se preocupa por su salud. Según expertos en la materia, se trata de una agenda. Veremos que a medida que disminuyen los contagios y muertes por COVID-19 en todo el mundo, las masas buscarán volver a la antigua normalidad. Pero eso no va a ser posible. El uso generalizado de la mascarilla es la herramienta perfecta para mantener el miedo y la opresión relacionados con el coronavirus.

No es necesario tener títulos universitarios para darse cuenta de que la mascarilla es un símbolo poderoso. Una persona que lleva una máscara es un espectáculo sorprendente que nos afecta a un nivel visceral. Instantáneamente desencadena nuestro miedo profundamente arraigado a la enfermedad y la muerte. Aumenta inconscientemente los niveles de estrés y ansiedad de nuestro cerebro mientras nos alerta de un peligro inminente. Cada rostro enmascarado es un recordatorio de que las cosas no son normales, que debemos tener miedo y que todavía estamos buscando fuerzas externas para salvarnos.

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A nivel humano, la mascarilla deshumaniza a las personas que nos rodean. ¿Cómo podemos relacionarnos y asociarnos con otras personas si no podemos saber si están sonriendo o no? ¿Cómo podemos conectarnos con otras personas si solo podemos comunicarnos usando palabras apagadas a través de un trozo de tela? No podemos. Al contrario, la mascarilla dice: Aléjate de mí, no confío en ti. ¿Qué pasa con los niños que están creciendo en este clima? Están siendo “preparados” para que crean que esta nueva normalidad es… normal. Este clima social específico es oro puro para los ingenieros sociales que buscan alterar profundamente la sociedad. Una sociedad sometida al miedo y al pánico se vuelve irracional y acepta fácilmente cualquier medida que prometa algún tipo de seguridad.

Y esto es lo que está sucediendo ahora. Y para evitar que un pequeño reducido de la población altere el “rebaño»los gobiernos utilizan leyes de censura de la información. Un ejemplo esto lo encontramos en España, donde el gobierno publicó este jueves lo que denomina su procedimiento de actuación contra la “desinformación” que incluye, entre otras cosas, “examinar el pluralismo de los medios”. Con esta orden, pretende vigilar a ciertos medios de comunicación para evitar las ‘fake news’. En otras palabras, “CENSURA”. Y es algo a lo que debemos acostumbrarnos, porque la mediad se irá aplicando al resto de países “democráticos”.

En conclusión

La pregunta que nosotros nos hacemos es qué significa parecerse a una visión tan distópica. ¿Estamos felices de racionalizar las transformaciones de nuestra vida cotidiana o nos preocupa la proximidad del mundo actual con algunos de los escenarios distópicos más básicos? Ya sea el llamado al aislamiento social, la “vigilancia” perpetua o las mascarillas obligatorias, las medidas de los últimos meses representan más que un atentado a la libertad. Implícitamente nos ordenan sacrificar nuestra humanidad para salvar nuestras vidas. Bienvenido al Nuevo Orden Mundial.

Vía MEP